Gracias a la disponibilidad de agua, el territorio hoy ocupado por la ciudad de Arica ha ofrecido durante milenios un espacio de refugio en uno de los paisajes más áridos del planeta, posibilitando de esta forma la presencia del ser humano desde hace 10.000 años antes del presente.

Entre sus primeros habitantes encontramos a los aparentemente simples grupos de pescadores y cazadores, llamados por los arqueólogos como Cultura Chinchorro. Sin conocimiento de la agricultura su vida material giraba exclusivamente en torno a la obtención de recursos marinos, logrando una existencia como sociedad de aproximadamente 5.000 años. Su característica cultural más conspicua son las tradiciones de momificación artificial, que denotan no solo una compleja concepción de la existencia, vida y muerte del ser humano, sino que nos habla además de un rico universo estético donde los cuerpos de adultos, niños, neonatos e incluso nonatos eran transformados en auténticas obras de arte funerario.

Con posterioridad a estos primeros habitantes, sucesivas sociedades prehispánicas transformaron el paisaje de la actual la ciudad, dejando su huella en caminos, poblados, campos de cultivo, centros ceremoniales, cementerios, y miles de artefactos de carácter utilitario y/o ritual como cerámicas, textiles y tallados. Destacan en este sentido una gran concentración de creaciones artísticas monumentales, los llamados geoglifos de los Valles de Lluta y Azapa, con escenas de caravanas y caminantes, representando el paisaje cultural del territorio, caracterizado como un espacio de contacto e intercambio entre diferentes grupos humanos.

Desde el siglo XVI y hasta la actualidad el territorio atravesó violentas transformaciones, primero las invasiones coloniales y el genocidio consecuente (hasta principios del siglo XIX), para luego pasar al dominio consecutivo de las repúblicas de Perú y Chile. Cambio este último, causado por un conflicto bélico que significó la invasión y anexión forzada de parte importante del territorio Peruano (incluyendo la ciudad de Arica), y en el cual la población originaria que sobrevivió a la colonización castellana, sufrió procesos de represión y asimilación forzada que hasta el día de hoy marcan la memoria de las comunidades Aymara y Quechua que persisten en la región.

De forma paralela a la violencia humana, la naturaleza también ha marcado con fuerza el paisaje ariqueño, con grandes terremotos y tsunamis (los últimos en 1868 y 1877) que con cierta periodicidad reconfiguran el territorio y a las sociedades que en él habitan.

Hoy Arica es una pequeña ciudad fronteriza con cerca de 200.000 habitantes, marcada por una diversidad de migrantes de Perú, Bolivia y Chile, además de una importante presencia de Aymaras. En términos económicos es unos de los territorios menos desarrollados del país, siendo su principal actividad económica el transporte de bienes a través del Puerto homónimo, y la agricultura en los Valles de Lluta y Azapa. El mar es una presencia permanente y la larga historia de poblamiento humano hace que en sectores de la ciudad los actuales habitantes convivan directamente con los restos de sus antepasados, que durante miles de años fueron transformando el subsuelo de la ciudad en una auténtica necrópolis.

Para mayores antecedentes recomendamos las siguientes lecturas y videos

Arica, Diez mil años. José Pérez de Arce A., Liliana Ulloa. 1985
Arica 1968: Un Tsunami y un Terremoto. Manuel Fernández. 2007
Vivien Standen. Estudios Bio Antropológicos de los Restos Humanos Chinchorro.
Luis Briones. Investigación y Conservación de Geoglifos.